Nervios en mi piel, sudor en mi frente… repaso mentalmente una y otra vez la estrategia de carrera… “Los primeros 12 km con calma Jona, no te lances. Después hasta el 30 busca un ritmo ligeramente por debajo del objetivo y del 30 al 42 tocara apretar dientes y aguantar, aguantar y aguantar.”
Se oyen gritos por todos lados. Amigos que se abrazan, parejas que se besan y se desean suerte. Hijos e hijas que animan a sus padres, y padres que miran a sus hijos asustados porque saben lo que les espera.
Miles y miles de soñadores. Miles y miles de motivos lanzados al viento en forma de palabras que van a ser el motor de miles y miles de piernas. Todas y cada una de las personas que estamos aquí tenemos un motivo por el que correr. Somos personas “enfermas” afectadas por el “virus” del Marathón que han sacrificado mucho para estar aquí. Somos locos de esos que corren sin que nadie les persiga. Somos esos que ves en el parque un día de lluvia o corriendo en un polígono a las 11 de la noche. Nos sentimos solos. Sentimos que nadie nos comprende salvo nosotros mismo pero, aquí y ahora, todos somos iguales y corremos juntos.
​​Cuenta atrás, disparo de salida y empiezo a restar metros a esta aventura del Marathón. Como en todas las carreras los primeros kilómetros son importantes para no perder tiempo. A mi lado un chico correr acompañado por su perro guía y no puedo evitar sentirme pequeño a su lado… A veces pensamos que somos grandes porque trabajamos duro para correr un maratón, entrenamos, llegamos ahí y lo hacemos. Y eso nos hace sentir enormes y diferentes, pero no encuentro mérito alguno a correr un maratón cuando no tienes más limites que tu propia mente. Sin saberlo estoy corriendo al lado de un verdadero superador de límites.

Intento buscar mi sitio a un lado y pasamos el kilómetro 10 en un tiempo de 44′:08″. Lo realmente complicado de un maratón es saber dosificar tus fuerzas. Correr los primeros 30 km a un ritmo tan cómo que podrías ir mucho más deprisa y saber contener las ganas de ir más lejos. Realmente es un gran trabajo de auto control, es estrategia, es respeto por una de las pruebas más duras del atletismo.
Empiezo a buscar con la mirada a mi hermana y mi novia, incondicionales y fieles, siempre están ahí apoyándome en todos mis retos. Concentrado en encontrarme con ellas pasan los kilómetros más rápidos y pienso que quizás no les haya dado tiempo de llegar para verme.
Una de las cosas que he cambiado en Barcelona con respecto a Valencia es la toma de geles y sales. Así que, en el kilómetro 12,5 tomo mi primer gel y dos kilómetros y medio más adelante mi primera pastilla de sal. No lo necesito, pero no tengo que pensar en las sensaciones que tengo ahora sino en minimizar al máximo el sufrimiento que me espera después.
​​Van pasando minutos y vamos sumando kilómetros. Pasamos por la Sagrada familia y la proyección de la sombra de ese gigante arquitectónico nos escolta durante unos metros y sin darnos cuenta llegamos al ecuador de la prueba con unas sensaciones espectaculares. Seguimos teniendo que contener esas ganas de ir más rápido y eso es una señal de que estamos dosificando bien las fuerzas. El paso por la 1/2 maratón lo hago en un tiempo de 1h:33′:27″ y es justo aquí y por sorpresa donde me encuentro con ellas. A pesar de llevar música no puedo evitar oír sus gritos de ánimo. Veo la emoción en sus miradas, siento como cada palabra me empuja y me da fuerzas que, aunque aun no las necesito, darán alas a mis pies cuando sólo quieran dejar de volar.
Pasando por el kilómetro 25 tomo el segundo gel y empiezo a notar unas pequeñas molestias en el gemelo izquierdo. Llevo varias semanas arrastrando un dolor intenso en el talón y eso a provocado bastante problemas en mi pierna izquierda las últimas semanas. No puedo evitar pensar que es demasiado pronto para empezar a sufrir y preparo mi mente para el dolor. Sigo repitiéndome con bastante frecuencia esa frase que siempre me digo en las carreras: “Sigue Jona, vas bien, lo estas haciendo perfecto. No tienes dolor ni estas cansado así que sigue aguantando”
Estamos en el kilómetro 27,5, segunda pastilla de sal y a seguir restando kilómetros que poco a poco se hacen más largos y más pesados.
A todos los corredores que nos atrevemos con la distancia del Marathón nos invade un sentimiento de intriga y de temor a medida que nos acercamos al kilómetro 30. Es exactamente la misma sensación que cuando estas entrando en un lugar que ya conoces y te da miedo y desconfianza. Comienzan las dudas y la desconfianza. Sabes que todos los meses de sacrificio tenían como objetivo mejorar la carrera que empieza en ese instante…los último 12 kilómetros del Marathón, los kilómetros más duros a los que vas a enfrentarte nunca.
​​Acabas de adentrarte en un mundo en el que el fantasma del “muro” es el rey y se encuentra agazapado en algún lugar. No sabes cuándo aparecerá, lo único que tienes claro es que hagas lo que hagas no vas a poder escaparte de él, así que corres y corres lo mejor que sabes e intentas convencerte una y otra vez de que hoy no te va a alcanzar. Y si lo hace no vas a dejarle que te asuste, vas a lucharlo y vas a vencerlo como haces todas las veces que te enfrentas a él. Aunque duela, aunque te quite las ganas de seguir dando zancadas, te desencaje la cara de dolor y se meta en tu cabeza para obligarte a parar.
En el kilómetro 35 tomo mi último gel casi por obligación. Tengo el estómago cerrado pero sé que debo tomarlo para exprimir todo lo que me queda hasta el final. Corremos por el puerto y en esta zona el viento pega con fuerza. Si vas justo de fuerzas probablemente aquí acabe tu carrera pero has hecho bien el trabajo hoy. Has sabido correr con cabeza los primero kilómetros y ahora con la cabeza en su sitio y con el corazón encendido corres cuesta arriba y contra el viento concentrado y decidido.
Estas llegando al limite de tus fuerzas pero hoy la cabeza esta al 200%. Hoy no esta contigo el Jona que apareció en Valencia, el que dejó que el Marathón le tumbara varias veces. Prometiste volver con más fuerza y no dejarte humillar y joder…hoy esta contigo el Jona de siempre, el de la mente invencible, el #UNBROKEN.
Con las piernas vacías cruzo el kilómetro 40 y cambio el “aguanta Jona, sigue un poco más” por esa frase que siempre quiero decirme “lo has vuelto a hacer, has vuelto a retar a los 42.195 m y has ganado”.
Kilómetro 42 y saco todo lo que me queda dentro en esos últimos 195 m. En mi cabeza todos los sacrificios hechos, todas las personas que están apoyándome diariamente y todas esas frases dichas por personas vacías de sueños que algún día se atrevieron a decirme que no sería capaz. Cruzo la meta sonriendo, la primera vez que sonrío en la meta de un Marathón, y después esa explosión de emociones contenidas en forma de lágrimas. Esa sensación inexplicable que solo los que corremos entendemos.